
Recordar es volver a vivir
Dice la sabiduría popular que recordar es volver a vivir, sobre todo cuando un adulto rememora las aventuras que tuvo en décadas anteriores. Podríamos citar en este modesto artículo muchas frases sobre ello, tal como la que escribió Rubén Darío en su poema Canción de otoño en primavera, pero perderíamos el enfoque de información.
El domingo 14 de julio de 1991, a las 5:30 de la tarde, se encendieron las torres luminarias del Estadio Nacional Dennis Martínez. Dentro del terreno de juego, se encontraba un inspirado y muy talentoso equipo de Real Estelí FC, el cual pretendía levantar por primera vez en su historia un título de campeón del fútbol nacional.
La tarea no era sencilla pero tampoco fue imposible. El conjunto a vencer era el Diriangén FC. Desde ese día, inició una rivalidad frívola entre ambos clubes, que por supuesto ha sido dominada por la institución rojiblanca. Ese 14 de julio, cuando se celebraba el Día Nacional de la Bandera, nació la paternidad esteliana en esta particularidad.
“Cuando Ramón Mejía disparó la pelota al lado derecho del arquero Juan Orellana, los corazones de los estelianos dejaron de palpitar. Era el momento culminante de muchos años de espera por su primer título nacional de fútbol”, citaba la crónica del Diario Barricada, publicado un día después de la gesta rojiblanca.
Y es que el triunfo del Real Estelí FC se produjo en la ronda de penales, tras empatar 1-1 en los noventa minutos reglamentarios y la prórroga. Ramón Mejía se encargó de romper las redes rivales al minuto ´34 del segundo tiempo. Sin embargo, el marcador no reflejaba lo ocurrido en la cancha, porque el dominio fue totalmente para los norteños.
El mismo artículo informativo de Barricada, mencionaba que el Tren del Norte “supo pelear a brazo partido su primer título en su primera final de nuestro fútbol. Prácticamente fueron los dueños del campo en los 120 minutos de juego”, evidenciando lo descrito por el redactor de esta nota en el párrafo anterior.
Así mismo, el Nuevo Diario explicaba en su edición del 15 de julio de 1991 que “fue un partido de mucha emotividad y que se caracterizó por el dominio del Estelí por toda la cancha, encontrando una férrea defensa del Diriangén que se defendió como ´gato panza arriba´ ante el acoso constante de los estelianos”.
De igual manera, el reconocido periodista deportivo Moisés Ávalos Ruiz escribía en el Diario La Prensa, publicado un día después de la coronación, que “El Estelí tenía dominio completo de la cancha”. Ya el destino estaba programado para que el trofeo viajara hasta el Diamante de las Segovias, vestido de rojo y blanco.
En la definición de penales, convirtieron en la primera ronda Otoniel Olivas (posteriormente técnico triunfador con el Tren del Norte), Edwin García y Samuel Núñez. Las cosas estaban empatadas 3-3 y tuvo que venir una segunda fase, esta vez con cuatro disparos por bando, donde se puso en práctica la perfección de los estelianos.
Johnny Molina, Wilfredo Cortez y Jaime Rodríguez dejaron la bandeja puesta para que el mismo Ramón Mejía, anotador en el tiempo reglamentario, enviara el balón al fondo de las redes rivales y otorgara el título de campeón al Tren del Norte. El júbilo llegó a las gradas, donde casi cinco mil personas se deleitaron con el espectáculo.
Ese día los héroes rojiblancos abrieron la puerta para que el Real Estelí FC se convirtiera en el equipo más dominante del balompié nicaragüense durante las últimas décadas. Aquel 14 de julio empezó la historia de laureles para las vitrinas de El Independencia. Así mismo, nació la paternidad sobre los blanquinegros.
El título de este informativo bien lo señala: recordar es volver a vivir. Hoy lo hacen todos los protagonistas e involucrados en esa gesta. Su juventud, divino tesoro, se fue para no volver, pero dejó el recuerdo de sus logros deportivos impregnados para siempre en el corazón y la mente de todos los aficionados del Real Estelí FC.



