
A 21 años de la segunda corona
El 25 de julio de 1999 el Real Estelí FC abrió la puerta al carrusel de éxitos que ha cosechado en su historia. Y decir carrusel significa a todos aquellos que llegaron casi consecutivos y por supuesto, mencionar los ocho que se consiguieron en fila, los que hasta el momento representan un record internacional.
Aquel domingo, los jugadores rojiblancos salieron desde Estelí hacia el Estadio Cacique de Diriamba, donde tenían que luchar por el título nacional, el cual se convertiría en el segundo de su historia, precisamente ocho años después del primer laurel que llegó a las vitrinas estelianas.
Partieron desde el Diamante de las Segovias en horas tempranas. Durante el viaje hablaron poco o casi nada. El paisaje junto a la carretera se tornaba verdoso por la iniciante época de invierno, que precisamente estaba afectando al pacífico nicaragüense. De hecho, llovió casi toda la mañana en Diriamba.
Al llegar al estadio, los muchachos ingresaron mostrándose ansiosos. Algunos se frotaban las manos y otros simplemente se presentaban serenos, confiados en lo que tenían que hacer para brindarle otra alegría al pueblo esteliano, que seguía de cerca la actuación del equipo.
El partido inició. El árbitro William Reyes sonó su silbato y el balón empezó a rodar sobre el terreno de juego, que estaba muy afectado por el fuerte aguacero que azotó la ciudad. Concluyeron los noventa minutos y las cosas tenían que definirse en la prórroga, bajo el extinto formato de gol de oro.
Sin embargo, en el tiempo extra tampoco hubo anotaciones y el título iba a sortearse desde los penales. Eran ocho mil personas en las graderías del estadio, que iniciaban sus plegarias para que los santos patronos de sus localidades intercedieran en el juego y el trofeo quedara en poder de su club favorito.
Otoniel Olivas, siempre eficiente, tal y como lo adjetivó el periodista Martin Ruiz Borge en su crónica publicada al día siguiente en El Nuevo Diario, fue el primero en marcar por la tropa rojiblanca. El hondureño Oswaldo Fúnez fue el segundo en cobrar pero falló. No obstante, Samuel Olivas puso el segundo tanto esteliano en la tercera ronda de disparos.
Posteriormente, Samuel Padilla puso la tercera diana del Tren del Norte y dejó la mesa servida para que el jugador del Diriangén FC mandara su disparo lejos de la cabaña y dejara el triunfo 3:1 para los rojiblancos. De inmediato, hubo gritos y saltos de júbilo, la vuelta olímpica dentro de la cancha, producto de la celebración.
El cronista deportivo René Pineda expuso en el Diario La Prensa, emitido el lunes 26 de julio de 1999, que el Estelí marchó triunfante hacia la ciudad, donde "fueron recibidos como héroes a su arribo a eso de las nueve de la noche". Y no era para menos, pues el sueño se había logrado después de tanto esfuerzo.
El Doctor Sergio Chamorro, ícono de la institución y partícipe del partido, señala tajantamente que ese título fue la puerta que abrió el carrusel de laureles que alcanzó posteriormente la escuadra rojiblanca, todos con la Barra Kamikaze como fiel testigo.
La historia jamás se borra, mucho menos se olvida cuando se habla de alegrías y celebraciones. Todos esos destacados jugadores hoy pueden presumir que tienen su nombre escrito en ese trofeo y fueron el punto detonante para el establecimiento del Real Estelí FC como el mejor equipo deportivo del país.



